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PEDRO SOLVEIRA Y SU PINTURA AL ESMALTE
Por Carlos Areán

Pedro Solveira realiza sus pinturas sobre hierro cincelado. El color lo consigue habitualmente por oxidación, aunque emplee también zonas de esmalte contrastante cuando desea subrayar las formas más intensamente expresivas. El soporte en hierro permite a este artista toda suerte de relieves físicos, pero éstos no serían condicionantes de la estructura de la obra, si la textura y las delicuescencias cromáticas no constituyesen con ella una unidad de expresión.

Hasta ahora Solveira ha cultivado habitualmente la nueva figuración, pero está realizando también una obra integramente no imitativa que es la punta más avanzada de sus preocupaciones.

Este no imitativismo de Solveira es de progenie neoplasticista en el rigor de sus estructuras de base. Quiere ello decir que formas escultóricas y rectángulos o cuadrados en relieve, se ordenan verticalmente sobre la base previa. Lo notable es que este rigor de la estructura en la que los fondos actúan como formas, debido a sus distancias exactas, se niega voluntariamente y sistemáticamente gracias a la erosión de la materia y a los chorreados oxidados del color. Así sobre una estructura básica rigurosamente geométrica, fluyen en desparramiento inacabable unas manchas entreveradas las unas con las otras en las que caben todas las posibilidades cromáticas debido a la gran variedad de componentes de cada color.

Tal como sucede con todos los artistas que tienen algo que comunicar – y nuestra anterior breve descripción basta para probarlo – Pedro Solveira es un inventor de formas, pero no se termina ahí su capacidad de abrirnos un mundo nuevo. Más importante aún que la invención de formas es la buscada captación de contradicciones. Pedro Solveira juega con el sí y con el no de las cosas y si afirma la estructura en el cañamazo ancho y a bisel de su geometría, la niega luego en ese hacerse y deshacerse de las herrumbres de los esmaltes que la recubren. En dicho aspecto es la pintura al esmalte de Pedro Solveira todo un símbolo de nuestra época, en la que tendemos muy a menudo a la conciliación de los contrarios y en la que el máximo acierto puede salir a veces de una de las vías laterales.Así, por ejemplo, Solveira después de haberse enfrascado en una investigación neoplasticista, ha hecho como Penélope con su tela y ha destejido lo realizado. El resultado es que la materia se ha envejecido y que aparece como requemada por la lluvia y el sol, resultado impensable en la investigación neoplasticista tradicional, pero altamente evocador en ese remozamiento inusitado de la misma.

Saludamos por tanto en Solveira más todavía que a un inventor de formas, a un catador de la huella del tiempo sobre un esquema previo que parece el más intemporal de todos los imaginables. Es así, en suma, Solveira un reunificador de contradicciones y un símbolo, por tanto, de nuestra época, tan enmarañada a menudo en esta misma búsqueda.

Carlos Areán – Miembro de la Asociación de Críticos de Arte de París
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