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CRÓNICA DE UNA EXPOSICIÓN
Francisco de Pablos
Noviembre 1998

PEDRO SOLVEIRA MUESTRA SU OBRA RECIENTE, CON LA QUE CONFIRMA SU GRAN PRESTIGIO

A partir de concepciones geométricas, experimenta sobre papel, relieves y soportes diversos, en un alarde de imaginación que le lleva del post-cubismo al constructivismo dinámico.

Un artista de cuajada personalidad y nombradía internacional, el vigués Pedro Solveira inauguró anoche una exposición que constituye la renovación total de su obra, sobre todo técnicamente, aunque, como es lógico en su madurez, perfectamente coherente con su peculiar estética.

Ensayos variadísimos a partir de la geometría, de la línea, el plano, el poliedro,pues la geometría ya fue calificada de divina en el pre-renacimiento italiano. Claro de después de absorber y meditar largamente sobre el post-cubismo y el constructivismo.

Las series blancas, línea suave, ondulaciones, perfiles, arabescos, con mínimos relieves, constituyen un alarde de inventiva y serenidad. Los ejercicios están presididos por una elegancia que es consecuencia de la desnudez de todo lo accesorio. Hay referencias a sus trabajos anteriores, relativamente informalistas de volúmenes en tensión, como colgados del espacio indeterminable. Pero ahora aparecen más decantados, más sutiles alcanzando la belleza inefable.

En cuanto a las expresiones cromáticas, los grandes formatos son una combinación de líneas, volúmenes y colores que emparentarían con las exquisiteces de Kasimir Malevich. Precisamente uno de estos trabajos lo titula Solveira como "encuentro" con el gran artista ruso, fundamental para el conocimiento de la abstracción y el informalismo que ha caracterizado el arte de este siglo.

Círculos, líneas tangentes o secantes, oquedades, polígonos en relieve, forman mundos en tensión, como centrífugos, a un tiempo dinámicos y serenos.

Solveira ha vivido tiempo en Nueva York y el paso por esta babel, hoy capital mundial del arte, no ha sido baldío. Acaece, sin embargo, que al fin todo lo visto y meditado, el artista lo personaliza para darnos los alardes de pequeño formato, exquisitos de realización, a caballo entre el cuadro propiamente dicho y la escultura que en cierto modo está pidiendo cada una de estas creaciones. Porque son síntesis y combinaciones de las posibilidades de un taller en que todo elemento es válido y en el que el cartón o el trazo sobre papel alcanzan categoría trascendente para llegar a esta belleza desnuda y exquisita.

Solveira, nacido en 1932, ha mostrado su obra en varios continentes y está representado en museos y colecciones de Vigo, Madrid, Lanzarote, París, Sao Paulo, Brasilia, Londres, Nueva York, Buenos Aires, etc...

Su concepto plástico de vanguardia tiene en esta muestra una felicísima y múltiple expresión, hasta constituir un verdadero acontecimiento artístico.
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